
Ella no se puede dormir, no puede. Escucha el ruido de la noche. Y así, poco a poco se deja caer en ese mágico mundo, el mundo de los sueños. En aquel mundo ella no tiene nombre, no tiene origen, no tiene lugar de destino; no lo tiene porque no los necesita. Allí sus sueños son realidad aunque sean una locura, porque en sus sueños ella es la reina del lugar. Ama y señora del mundo. Degolla a quien quiere la dulce reina, la dulce reina en su mundo vive sola, sin príncipes traicioneros, ni hechiceros perversos o brujas malvadas. Sin pócimas mágicas. Sin venenos baratos. Convive en armonía con las criaturas mágicas q ella crea. Dulce reinita, pinta el cielo de colores y el mar tiene flores, porque en sus sueños, no hay verdugos que hacen desangrar sus ilusiones, porque en su mundo se deshizo de los dragones que en el mundo real le quemaron los sueños. Porque en su mundo tiene alas, y vuela; en su mundo es libre. Lástima que los sueños no son eternos y esta bella reina no siempre puede vivir ahí. Lastima que la pobre reina tiene que volver al mundo real. Ella no quiere, no quiere porque es una vida triste y vacía. Un mundo duro. Un castillo solitario y lleno de desesperación el que se construyó. No puede quejarse, fue su culpa. No puede gritar nadie la oirá jamás, porque en el mundo real, no hay espacio para sus problemas, porque en ese mundo la sociedad ya no la acepta, la apartan. Ella esta sucia ya, sus brazos están lastimados, su cerebro esta gastado. Maldita heroína, malditas jeringas, maldito el día en que cayo en ese lugar, maldito el día en que acepto. Ahora ya no hay vuelta atrás, el veneno corre por sus venas. Ella no sabe cuanto tiempo le queda, no sabe ni le importa. Esta despierta otra vez y para seguir respirando solo necesita un poco mas del veneno que la mata. Esta vez no importa el precio, ya no le importa ese mundo que la abandono, y no le importa cuanta sangre tenga que correr para que ella consiga un poco mas. No importa si muere, ya es demasiado tarde para arrepentirse, no hay tiempo para llorar. No importa el dolor que le causen las heridas de los brazos, no puede detenerse. Ella sale de su guarida, sale como depredador al asecho de la presa, como huracán. En su maldita necesidad no mide sus acciones, en realidad ya no puede. No ve quien es, no lo quiere ver, no quiere escuchar sus suplicas. No lo hace. Sigue hasta el final. Lo consiguió. Ahora debe correr, correr hasta encontrar algún bastardo que le de lo que necesita. En su estúpida y desesperada ceguera no ve aquel auto negro. Solo ve el asfalto duro y frió. Pero esperen de pronto, para ella, deja de ser frió, se vuelve tibio; cambia de color, se torna de un rojo pálido. Todo lo que quiere es el veneno. Pero, que sucedió? No entiende nada. Escucha un murmullo, comienza a gritar, pide esa maldita sustancia, entonces el murmullo se apaga. No puede moverse. Se quedó así por un buen rato. Desesperando por no tener una bendita, o será maldita jeringa?. De pronto comienza a llorar, en principio es solo un sollozo, poco a poco se transforma en un llanto angustiado. Llora por todo, llora porque arruino su vida, por esa maldita manía de probar lo prohibido. Maldita porquería prohibida que le quemo los sueños, que le arruino la vida, que la dejo sola. Llora porque piensa en toda la gente q lastimo, llora por todas las lagrimas q provoco, por todo el dolor q sembró a su alrededor. Llora por q es tarde, y sabe q esta muriendo, llora porque sabe q de su muerte nadie hablará jamás. Llora porque para ella no habrá funeral. Llora porque esta sola y porque las cosas que mas amo se las arranco ella misma y esa maldita mierda prohibida. Llora porque sabe q se acerca el final, y se angustia porque no recuerda si quiera quien es. Pasó ya mucho tiempo. Ni la heroína ni su familia asistirán a su entierro, no habrá entierro, porque en el mundo real no hay ni espacio, ni tiempo para escuchar los gritos de auxilio de gente, como esta pobre chica, que solo cometió un error…
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